Educación y Formación
Ética práctica para expertos en inteligencia artificial: guía esencial para nativos digitales
Paloma Firgaira
2026-04-19
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La educación empresarial atraviesa una etapa sin precedentes: la irrupción de la primera generación nativa en inteligencia artificial (IA) está transformando radicalmente el panorama académico. Sin embargo, esta revolución tecnológica plantea desafíos profundos a la inteligencia humana. Matthew Connelly, vicedecano de IA en la Universidad de Columbia, advierte que la dependencia excesiva de la IA está erosionando la capacidad de los jóvenes para pensar de manera autónoma, mientras que las instituciones educativas, lejos de resistirse, parecen facilitar esta transición.
Un caso paradigmático es el de Roy Lee, estudiante de Columbia, quien creó una herramienta de IA para hacer trampas en entrevistas online, recibiendo el respaldo financiero de Andreessen Horowitz. Este tipo de iniciativas, lejos de ser aisladas, reflejan una tendencia creciente en la que la ética y la integridad académica se ven amenazadas por el avance tecnológico.
Por su parte, OpenAI desarrolló una tecnología capaz de identificar textos generados por IA con una precisión casi total, pero la iniciativa fue descartada por motivos comerciales. El interés de las grandes tecnológicas por dominar el ámbito educativo es evidente: OpenAI busca integrar sus bots en la infraestructura central de la educación, mientras universidades como la Frankfurt School of Finance & Management ya han firmado acuerdos para incorporar ChatGPT Edu en sus programas. Christian Landau, vicepresidente de la institución alemana, destaca la importancia de la red de contactos y las oportunidades profesionales como elementos diferenciadores en la formación actual.
En Francia, la escuela de negocios NEOMA ha establecido una alianza con Mistral, permitiendo a sus estudiantes utilizar Le Chat LLM, una alternativa a ChatGPT, para analizar contenidos y planificar su aprendizaje. Los docentes también emplean estas herramientas para crear materiales didácticos, evidenciando la integración de la IA en todos los niveles educativos.
La London Business School, a través de su decano asociado Graham Hastie, subraya que el verdadero valor de una institución de élite reside en fomentar habilidades humanas como la creatividad, la innovación y el pensamiento crítico, más allá de la simple transmisión de información. David López, decano del MBA de Esade, coincide en que el foco debe desplazarse de los contenidos a las competencias, especialmente en la toma de decisiones y el análisis crítico en entornos inciertos.
El debate sobre el impacto de la IA en el empleo es intenso. Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, predice que en menos de dos años muchos graduados en Derecho y MBA podrían quedar desplazados por la automatización. Lee Newman, decano de IE Business School, aboga por formar profesionales capaces de liderar equipos híbridos de humanos e IA, combinando innovación tecnológica y humanismo.
Estudios de la Universidad de Columbia señalan que el uso de IA puede afectar negativamente la capacidad de lectura atenta y la originalidad en la escritura de los estudiantes. Mauro Guillén, vicedecano de The Wharton School, reconoce que ciertas tareas docentes podrían ser reemplazadas por IA, aunque insiste en la necesidad de adaptar los planes de estudio.
En Bélgica, la Vlerick Business School utiliza la IA para impulsar el desarrollo profesional de sus alumnos, mientras que Carlos López, decano de Esic Business & Marketing School, enfatiza que el valor diferencial de una escuela radica en enseñar a pensar con la IA, no en competir contra ella.
El reto de establecer límites claros en el uso de la IA es compartido por instituciones como Harvard, que promociona el dominio de la inteligencia artificial como una habilidad clave para el futuro laboral. Franc Ponti, profesor en EADA, apuesta por clases prácticas y participativas, restringiendo el uso de dispositivos para fomentar la creatividad.
Críticos como Tyler Cowen, de la Universidad de George Mason, alertan sobre el riesgo de que las universidades formen una generación poco preparada para el nuevo mercado laboral. Dirk Hovy, decano de la Universidad Bocconi, sostiene que la labor docente debe centrarse en fortalecer el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionar tanto a las máquinas como a las personas.
El enfrentamiento entre inteligencia humana y artificial es ya una realidad. Matthew Connelly advierte que, si las universidades no defienden la inteligencia humana, las futuras generaciones enfrentarán desafíos aún mayores. La clave está en integrar el pensamiento crítico y el diálogo humanista en la formación tecnológica, tal como lo hacían los filósofos de la antigüedad.
Fuente: elpais.com