La política de proximidad ha dado un giro radical. Si antes las campañas electorales se libraban en la calle, con mítines, folletos y contacto directo, hoy el éxito depende de captar emociones y necesidades individuales, llegando al votante con mensajes personalizados allí donde se encuentre. La esencia democrática de delegar el poder en la ciudadanía se mantiene, pero la irrupción de la Inteligencia Artificial ha transformado las reglas del juego.
Por primera vez, la IA generativa es protagonista en unas elecciones autonómicas andaluzas, tras la aparición de ChatGPT en 2022, poco después de los anteriores comicios. Esta revolución silenciosa ha modificado la relación entre partidos y sociedad, integrándose de forma tan natural que apenas se percibe, pero alterando profundamente la estructura interna de las campañas.
Actualmente, todas las formaciones políticas andaluzas emplean la IA como herramienta fundamental de trabajo de cara al 17 de mayo. Ignorarla supondría una desventaja insalvable. Sin embargo, su capacidad para manipular la realidad y el temor a lo desconocido han generado cierta desconfianza, lo que lleva a mantener en secreto las estrategias basadas en IA.
La Inteligencia Artificial se ha convertido en un elemento disruptivo, comparable a la llegada de la televisión, que obligó a los candidatos a cuidar su imagen y presencia. Internet y las redes sociales ya habían redefinido la comunicación política, pero la IA supone un cambio aún más profundo, acelerando y ampliando el alcance de las campañas.
La transformación se apoya en tres pilares: la generación de contenido, el análisis de datos (que ahora incluye emociones y sentimientos) y la personalización del mensaje. La IA permite crear vídeos, imágenes y discursos en tiempo récord, reduciendo costes y recursos. Además, posibilita analizar millones de mensajes en tiempo real, detectando tendencias y sentimientos ciudadanos con una precisión superior a la de las encuestas tradicionales.
La hipersegmentación es clave: los mensajes se adaptan a cada perfil, conectando con preocupaciones específicas de grupos reducidos. De los mítines multitudinarios se ha pasado a la comunicación directa vía SMS, WhatsApp o llamadas automatizadas con bots, que transmiten ideas de forma individualizada.
Los partidos reconocen que estas técnicas ya eran habituales en el sector privado y que su uso debe combinarse con la gestión pública eficiente y el contacto humano, especialmente en una región donde las relaciones personales siguen siendo esenciales. Un testimonio espontáneo puede tener más impacto que miles de mensajes virales si transmite autenticidad.
El verdadero valor de la IA reside en su aplicación estratégica. Los grandes partidos ya han comprobado su utilidad como herramienta consultiva, permitiendo ajustar la campaña en tiempo real. La IA se utiliza para planificar agendas, identificar zonas clave, realizar campañas de mailing, generar discursos e imágenes, y gestionar llamadas automatizadas, siempre bajo supervisión humana.
Un ejemplo reciente es el aumento de seguidores en redes sociales experimentado por el PSOE andaluz y su candidata María Jesús Montero, fenómeno que contribuye a amplificar el alcance de sus mensajes.
El reto actual es equilibrar protección, seguridad y libertad. La principal amenaza es la desconfianza: que el ciudadano dude de la realidad y no distinga lo verdadero de lo falso. Aunque la IA ofrece potentes herramientas de verificación, la desinformación no es un fenómeno nuevo, como recuerda Jacob Jiménez, CEO de DSA Grupo y experto en IA aplicada.
Jiménez sostiene que, bien utilizada, la IA puede mejorar la calidad democrática, democratizando el acceso a campañas eficaces y permitiendo que los ciudadanos se sientan más escuchados. El análisis en tiempo real de redes sociales permite detectar preocupaciones emergentes y mejorar la comunicación pública. El enfoque europeo apuesta por proteger derechos e impulsar la innovación, y una IA bien gestionada puede hacer la democracia más cercana, comprensible y eficaz.
Fuente: abc.es