Inteligencia Artificial (IA)
ChatGPT desarrolló una vacuna ARNm que logró reducir el cáncer en la perra de un hombre cuando los veterinarios no pudieron
Paloma Firgaira
2026-03-18
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Paul Conyngham no es biólogo ni veterinario, sino un ingeniero australiano con casi veinte años de experiencia en ciencia de datos e inteligencia artificial. En 2024, su perra Rosie fue diagnosticada con un cáncer de células cebadas, el tipo más común en la piel canina y difícilmente tratable con terapias convencionales. Tras agotar las opciones habituales, Conyngham decidió recurrir a la IA: abrió ChatGPT y comenzó a investigar.
ChatGPT como aliado inesperado. El modelo de OpenAI se convirtió en su asistente de investigación, guiándolo en un terreno desconocido. ChatGPT le sugirió explorar inmunoterapia y le indicó el Centro Ramaciotti de Genómica en la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), donde inició un proceso singular.
Secuenciación personalizada. En el centro, Conyngham contactó al profesor Martin Smith y pagó 3.000 dólares para secuenciar el ADN del tumor de Rosie. Aunque no suelen aceptar solicitudes de particulares, Smith accedió tras saber que Conyngham, como analista de datos, planeaba interpretar los resultados con ayuda de ChatGPT.
De la secuenciación a AlphaFold. Con los datos genéticos, Conyngham empleó diversas herramientas de IA, incluyendo AlphaFold de Google DeepMind, para analizar las mutaciones y modelar las proteínas implicadas en el tumor. Así identificó posibles fármacos y presentó sus hallazgos al equipo de la UNSW.
El reto de la burocracia. Aunque los investigadores hallaron un fármaco inmunoterapéutico prometedor, el fabricante se negó a suministrarlo para este uso. Smith entonces propuso explorar vacunas ARNm. Conyngham aceptó y, tras elaborar un informe de 100 páginas en dos meses, obtuvo la aprobación ética necesaria para el experimento.
Vacuna en tiempo récord. Bajo la dirección del profesor Pall Thordarson, la UNSW fabricó la vacuna a partir de la fórmula generada por Conyngham. Solo faltaba administrarla, tarea que asumió la profesora Rachel Allavena, experta en inmunoterapia canina en la Universidad de Queensland. Conyngham viajó diez horas para que Rosie recibiera la primera dosis en diciembre.
Resultados alentadores. Investigadores de la UNSW y la Universidad de Queensland confirmaron que uno de los tumores de Rosie se redujo a la mitad. Allavena destacó la mejoría en el ánimo y aspecto de la perra. Conyngham relató cómo, seis semanas después del tratamiento, Rosie recuperó su vitalidad.
Limitaciones y perspectivas. Aunque la historia es notable, no representa una cura definitiva: solo uno de los tumores respondió y no existen ensayos controlados ni datos a largo plazo. Conyngham reconoce que no es una solución milagrosa, pero sí ha mejorado la calidad y expectativa de vida de Rosie.
El valor del perfil técnico. La experiencia de Conyngham en ciencia de datos y machine learning fue clave para avanzar en el proceso. Sin embargo, el éxito también dependió de la colaboración con inmunólogos, ingenieros de ARN y oncólogos veterinarios.
¿Un modelo replicable? El profesor Smith planteó la cuestión de por qué no se aplica este enfoque en humanos. La respuesta es que los ensayos clínicos requieren años y grandes inversiones, además de evidencia robusta, algo ausente en este caso. Sin embargo, el oncólogo David Thomas ya explora terapias similares de ARNm en humanos y destaca el potencial de la ciencia ciudadana apoyada por IA.
Hacia una segunda vacuna. El proceso ha demostrado que la IA puede acelerar la transición de la idea al tratamiento experimental. Thordarson subraya que la capacidad de Conyngham para generar una fórmula ARNm sin formación en biología es un ejemplo de cómo la IA democratiza la investigación. Actualmente, la UNSW trabaja en una segunda vacuna dirigida al tumor que no respondió inicialmente.
Fuente: xataka.com