La inteligencia artificial (IA) continúa siendo protagonista en los mercados financieros, aunque el entusiasmo inicial ha dado paso a una creciente inquietud entre inversores y empresas. Lo que antes impulsaba el auge bursátil ahora genera dudas sobre la rentabilidad de las enormes inversiones de las grandes tecnológicas, los acuerdos entre gigantes del sector y el potencial disruptivo de la IA, especialmente en el ámbito del software.
Recientemente, anuncios de compañías como Anthropic han desencadenado caídas significativas en la bolsa, afectando a firmas como IBM, Blue Owl y varias aseguradoras. El temor principal es que la IA pueda dejar obsoletos modelos de negocio tradicionales y provocar la pérdida de miles de empleos, además de sus posibles efectos colaterales.
Sin embargo, desde Goldman Sachs Research consideran que estos temores pueden estar sobredimensionados. Aunque reconocen que las ventas recientes reflejan la expectativa de un menor crecimiento en ingresos y beneficios del software, creen que los inversores están generalizando en exceso sus preocupaciones. Matthew Martino, analista de la entidad, señala que, si bien los inversores formulan las preguntas adecuadas, los fundamentos de las empresas no han sufrido un deterioro abrupto. Recomienda analizar el impacto de la IA en cada compañía de forma individual, ya que algunas podrían incluso beneficiarse de la innovación.
La principal inquietud radica en que los agentes de IA se conviertan en la interfaz dominante para realizar tareas, relegando a las plataformas tradicionales a un papel secundario como simples repositorios de datos. Esto podría debilitar su capacidad de fijar precios y su relevancia estratégica, lo que explica la presión sobre sus cotizaciones.
Otros analistas de Goldman Sachs apuntan que las expectativas de crecimiento para las empresas de software se han reducido. Mientras que antes se proyectaba un crecimiento de ingresos del 15-20% a medio plazo, ahora las valoraciones reflejan tasas de apenas 5-10%. Martino destaca que la rápida evolución de la IA justifica una mayor prima de riesgo, pero insiste en que la corrección ha sido demasiado generalizada, lo que podría abrir oportunidades en compañías con sólidos fundamentos.
Para evaluar el impacto de la IA, los expertos sugieren analizar seis factores clave: el riesgo de que los agentes de IA desplacen a las plataformas actuales, el modelo de monetización (más vulnerable si depende de usuarios), la función de sistema de registro, la ventaja competitiva en datos e integración, la capacidad real de ejecución de IA y la alineación presupuestaria, que determina la prioridad estratégica de la adopción de IA.
Goldman Sachs subraya que, en el software de aplicaciones, la irrupción de agentes de IA podría modificar la captura de valor, especialmente en productos con modelos de negocio basados en licencias por usuario. En cambio, en plataformas e infraestructuras, la necesidad de gestión de datos, seguridad y orquestación sigue siendo esencial y menos susceptible a la disrupción directa de la IA.
Martino concluye que la cuestión no es si la IA transformará el software, sino identificar en qué parte de la cadena de valor lo hará y dónde reforzará las soluciones existentes.
Por su parte, Bret Kenwell, analista de eToro, prevé que en 2025 la mayoría de los sectores del S&P 500 experimentarán crecimiento, aunque el sector energético sigue siendo una incógnita. Destaca que, pese a que varios sectores han subido más del 10% este año, el índice se mantiene estable debido a caídas en sectores clave como Tecnología y Finanzas, lo que deja al software en una posición de mayor riesgo de quedar rezagado.
Kenwell observa que industrias como redes de tarjetas de crédito, ciberseguridad, agencias de calificación, bolsas y plataformas de viajes han sufrido caídas por el temor a la IA, aunque considera que muchas de estas empresas tienen más probabilidades de salir beneficiadas que perjudicadas por la adopción de esta tecnología.
El analista advierte que, aunque la disrupción de la IA aún es más teórica que real en muchos casos, la percepción de riesgo puede afectar las valoraciones a largo plazo, incluso si los negocios no se ven directamente impactados. Si la preocupación persiste, los inversores podrían no estar dispuestos a pagar las mismas valoraciones históricas, lo que supondría un reto adicional para la recuperación de los precios de las acciones.
Fuente: bolsamania.com