Negocios y Empresas
La IA aumentará la productividad un 40%, pero el verdadero desafío es organizativo y cultural en las empresas
Gianro Compagno
2026-04-02
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En 2007, una empresa dedicada a la venta de papel de oficina enfrenta una profunda transformación interna. Desde la sede central, se ordena por primera vez la creación de una página web para centralizar las ventas, desplazando el tradicional modelo de vendedores puerta a puerta. Esta decisión genera inquietud entre parte de la plantilla, que percibe la digitalización como una amenaza a su modo de vida.
La situación da pie a una serie de situaciones cómicas, como la del director y su asistente que, siguiendo ciegamente las indicaciones del GPS, terminan sumergiendo su coche en un estanque. Este episodio, lejos de ser real, corresponde a una de las tramas más recordadas de la serie 'The Office'. Hoy, la historia podría actualizarse: la web sería reemplazada por la inteligencia artificial, reflejando el reto actual de muchas empresas para integrar esta tecnología en su día a día.
Las expectativas sobre la IA como motor de eficiencia y automatización son elevadas. Instituciones como el MIT y consultoras como McKinsey prevén que la adopción de la IA podría aumentar la productividad empresarial entre un 20% y un 40%. En el contexto de 'The Office', la IA habría permitido a los vendedores anticipar la pérdida de clientes mediante el análisis de patrones de compra, automatizar correos personalizados o planificar rutas de reparto más eficientes.
Sin embargo, el entusiasmo actual por la IA aún no se traduce en resultados inmediatos. “Existe un ‘hype’ y los resultados tardarán en llegar, pero el periodo de implantación será más corto que el de tecnologías previas como la nube o internet”, señala Myriam Blázquez, directora general de Experis. David López, decano de MBA de Esade, añade que este proceso sigue la llamada “curva en J”: primero hay inversión y aprendizaje, y después llega el impacto real en productividad.
El verdadero reto para las empresas no es solo tecnológico, sino organizativo y cultural. “Dentro de las compañías conviven diferentes ritmos de adopción: algunos empleados integran la IA intensivamente, a veces sin suficiente control, mientras otros muestran resistencia o escepticismo. Además, muchas organizaciones abordan la IA de forma táctica y poco coordinada”, explica López. Adaptar los procesos a la IA puede ser clave para la supervivencia empresarial, especialmente tras la pandemia y con la expansión de la robótica, que está ampliando la brecha de productividad entre empresas líderes y rezagadas, según el Consejo de la Productividad en España.
Rediseñar procesos y flujos de trabajo puede generar grandes eficiencias, pero implica también cambios en los perfiles profesionales y requiere formación, así como datos de calidad para medir el impacto, apunta Blázquez.
En Europa, la adopción de la IA es desigual. Con la inminente jubilación de la generación del ‘baby boom’, el continente necesita aumentar su productividad, y la IA es una herramienta clave. Según Eurostat, en 2025 el 15% de los trabajadores europeos utiliza IA de forma habitual, aunque con grandes diferencias entre países: Malta (29,6%), Dinamarca (27,2%) y Países Bajos (26,6%) lideran, mientras que Hungría (1,3%), Rumanía (5%) e Italia (8%) están a la cola. España supera ligeramente la media, con un 18%.
Las diferencias entre países se reflejan más en inversión y preparación institucional que en productividad. Según el ‘Stanford AI Index Report’, en 2024 la inversión privada en IA en Estados Unidos fue de 109.100 millones de dólares, frente a 9.300 millones en China y 4.500 millones en Reino Unido, lo que anticipa trayectorias de adopción muy distintas.
Fuente: elperiodico.com