Inteligencia Artificial (IA)
Cómo los artistas de IA generan imágenes y vídeos desde cero: del prompt a la pantalla
Gianro Compagno
2026-03-29
5 min read
La creación audiovisual con inteligencia artificial ha transformado radicalmente la forma en que los creativos abordan sus proyectos, y va mucho más allá de escribir un simple prompt. El proceso requiere visión creativa, planificación detallada, referencias visuales y una constante experimentación, redefiniendo así los límites de la producción tradicional.
Clara López, AI Artist en Freepik, lo resume con claridad: “Con esta herramienta puedo hacer cosas para las que no tengo los medios en la vida real”. No se trata de reemplazar equipos ni de una democratización absoluta, sino de la posibilidad de materializar ideas que antes quedaban solo en la imaginación, sin depender de grandes presupuestos o infraestructuras.
Hoy, es habitual que un creativo imagine un videoclip o una campaña imposible de rodar por limitaciones técnicas o económicas. Donde antes había barreras, la IA abre un nuevo proceso: describir, iterar y ajustar. Sin embargo, lejos de la creencia de que basta con escribir un prompt, el trabajo con IA exige una metodología precisa, donde cada decisión afecta el resultado final.
El proceso comienza mucho antes de interactuar con la herramienta. “La gente no puede ver lo que hay dentro de nuestra cabeza”, explica López, quien ve la IA como un puente entre la idea y su representación. Ese puente requiere planificación, cultura visual y un flujo de trabajo estructurado que combine creatividad y técnica.
El punto de partida es mental: antes de escribir cualquier texto, es fundamental imaginar con precisión lo que se quiere crear. Para López, esta fase es casi cinematográfica: visualiza planos, composición y color con claridad. No necesita bocetos detallados ni moodboards complejos, sino una visualización interna que guía todo el proceso.
La traducción de esa imagen mental al prompt es un ejercicio de descripción precisa: plano, iluminación y elementos clave. López prefiere prompts breves y directos, lo que facilita la iteración y evita sobrecargar al modelo con información innecesaria. La clave está en elegir las palabras adecuadas para cada generación.
El prompt rara vez es definitivo. La misma instrucción puede generar múltiples variaciones, y ahí el creador interviene para seleccionar, descartar y refinar. Parte del trabajo consiste en lanzar una primera tanda de resultados para identificar la mejor dirección visual y ajustar las indicaciones según sea necesario.
Comprender cómo la IA interpreta conceptos como planos, luces o estilos es esencial, pero también hay que aceptar que el resultado nunca será idéntico a lo imaginado. El prompt se convierte así en un diálogo entre el creador y la herramienta. Un ejemplo de este proceso puede verse en el videoclip de “Ni borracho”, de Quevedo, donde López ha aplicado este enfoque.
La idea inicial no surge de la nada. “¿Qué voy a necesitar?”, se pregunta López. Imágenes de referencia, dirección de arte y un guion son elementos imprescindibles, apoyados en la formación y experiencia del creador. Las referencias ayudan a delimitar el terreno visual: imágenes, paletas de color, encuadres o texturas orientan a la IA hacia una estética concreta y permiten validar decisiones antes de producirlas físicamente, ahorrando tiempo y recursos.
El guion, incluso en formatos breves, sirve para estructurar el proceso y evitar una sucesión caótica de pruebas. La dirección de arte unifica todos los elementos, definiendo tono, coherencia visual e intención. Aquí, el bagaje creativo es fundamental: la IA no puede suplir la cultura visual y el criterio profesional.
Un error común es pensar que todas las herramientas de IA funcionan igual. Cada modelo tiene sus fortalezas, limitaciones y una personalidad visual propia. La elección depende del objetivo: no es lo mismo generar una imagen desde cero que editar una existente, ni buscar un acabado realista o artístico. López destaca que algunos modelos son mejores para ciertos estilos o movimientos, y suele combinar varias herramientas según la fase del proceso.
El criterio es tanto técnico como estético. Algunas herramientas sobresalen en texturas o estilos específicos, y la elección del modelo también depende de factores prácticos como formatos, duración de clips o peso de archivos. Anticipar estos detalles permite un flujo de trabajo más eficiente y evita bloqueos posteriores.
En este contexto, la herramienta deja de ser un simple medio y se convierte en una extensión del proceso creativo. Elegir bien no significa usar la plataforma más popular, sino entender qué aporta cada una, ya que no todas las IA generan lo mismo ni responden igual a las instrucciones.
La inteligencia artificial ha impuesto nuevas reglas en la creación audiovisual: obliga a concretar ideas, a tomar decisiones constantes y a pensar con mayor precisión. La tecnología acelera la ejecución, pero no reemplaza el criterio ni la mirada del creador, que sigue siendo el factor diferencial detrás de cada obra.
Fuente: lavanguardia.com