La inversión masiva en inteligencia artificial está impulsando las valoraciones del sector tecnológico a niveles históricos, pero la falta de ingresos suficientes genera inquietud sobre una posible burbuja que podría afectar gravemente a la economía estadounidense.
Las grandes empresas de IA insisten en que su tecnología revolucionará la sociedad, comparándola con hitos como el ferrocarril o internet. Sin embargo, estas analogías también recuerdan que tales innovaciones provocaron burbujas financieras antes de consolidarse. Hoy, varios expertos advierten que la industria tecnológica podría desencadenar una crisis de gran magnitud, similar a la Gran Depresión.
El auge de la IA no solo responde a patrones históricos. En Estados Unidos, la mitad del crecimiento del PIB previsto para 2025 —alrededor del 3%— proviene de inversiones en centros de datos, chips y energía, infraestructura esencial para la IA. Siete gigantes tecnológicos, liderados por Nvidia y Alphabet, concentran el 35% del valor del S&P 500, una concentración superior a la de la burbuja de las puntocom.
Esta dependencia mutua entre la economía estadounidense y las grandes tecnológicas es un arma de doble filo. Por un lado, la inversión en IA estimula el crecimiento y aleja la recesión. Por otro, si las expectativas no se cumplen, el impacto podría arrastrar a toda la economía.
Silicon Valley ha invertido entre 300.000 y 400.000 millones de dólares en IA este año, superando el PIB de la mayoría de los países. Se prevé que la cifra alcance los 700.000 millones en 2026. Sam Altman, de OpenAI, aspira a una capacidad computacional de 250 gigavatios para 2033, similar al consumo eléctrico de la India.
A pesar de estas inversiones, los ingresos del sector están lejos de compensarlas. Según Bain, para equilibrar la balanza, la industria debería generar 2 billones de dólares anuales en 2030, más que la suma de los ingresos de Amazon, Apple, Google, Microsoft, Meta y Nvidia en 2024. Karen Hao, periodista especializada, afirma que el modelo actual no es sostenible.
El temor a una burbuja se basa en la posibilidad de que la demanda empresarial de IA sea menor de lo esperado, lo que haría que las proyecciones de beneficios sean demasiado optimistas. Además, gran parte de la inversión se canaliza mediante acuerdos circulares: empresas como Nvidia invierten en start-ups de IA que, a su vez, compran sus chips.
Las grandes tecnológicas pueden soportar errores de cálculo gracias a su liquidez, pero algunas, como Google, Meta y Oracle, ya recurren a la deuda para financiarse. Para start-ups como OpenAI o Anthropic, aún no rentables, la presión aumentará si salen a bolsa en 2026.
OpenAI ejemplifica la incertidumbre del sector. Tres años después del lanzamiento de ChatGPT, lidera el mercado de chatbots y está valorada en 500.000 millones de dólares, pero sigue en pérdidas. Su inversión en centros de datos y chips supera los 1,3 billones, y no espera beneficios hasta 2030. En 2028, sus pérdidas operativas podrían superar los 74.000 millones, según The Wall Street Journal.
El sector justifica el gasto con dos promesas: que la IA impulsará la productividad y que dará lugar a una superinteligencia. Sin embargo, ambas están en entredicho. Un estudio del MIT reveló que el 95% de los proyectos piloto de IA en empresas tienen poco o ningún impacto en sus resultados. Además, expertos como Daron Acemoglu y Ramón López de Mántaras consideran improbable la llegada de una superinteligencia a corto plazo.
A pesar de ello, estas promesas atraen inversiones. Las valoraciones de las Big Tech se basan en la expectativa de que el gasto actual generará beneficios futuros, lo que ha disparado sus cotizaciones a niveles sin precedentes. Silicon Valley sigue apostando por el futuro.
Aunque la idea de una burbuja en la IA gana terreno, no todos coinciden en que el sector esté sobrevalorado. Sundar Pichai, de Google, reconoce cierta "irracionalidad" en la inversión y advierte que ninguna empresa está a salvo de una crisis. Sam Altman, de OpenAI, admite que los inversores están "demasiado entusiasmados" y que alguien perderá mucho dinero.
Wall Street evita calificar la situación como burbuja para mantener el optimismo, pero los mercados muestran signos de nerviosismo. CoreWeave, proveedor de servicios en la nube de IA, perdió 33.000 millones de valor en seis semanas y sus acciones cayeron más del 56% en la segunda mitad de 2025. Oracle también sufrió una caída del 40% tras endeudarse para invertir en IA, aunque ambas cerraron el año en positivo.
La historia muestra que las burbujas son inherentes a las tecnologías disruptivas. Carl Benedikt Frey, del Oxford Internet Institute, sostiene que el estallido de una burbuja puede impulsar la eficiencia y dejar las tecnologías más útiles, como ocurrió tras la crisis de las puntocom, que consolidó a Amazon.
Sin embargo, estas mejoras pueden tardar años y causar sufrimiento social. Si OpenAI se convierte en una empresa "demasiado grande para caer", podría requerir un rescate público, como los bancos en 2008. "Las burbujas estallan, los mercados caen, los inversores pierden y la gente sufre", advierte Natasha Sarin, profesora de Yale.
Fuente: levante-emv.com