Inteligencia Artificial (IA)
La crisis ética que sacude a Silicon Valley: un análisis profundo
Paloma Firgaira
2026-03-23
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Mientras Anthropic y el Gobierno de Estados Unidos se enfrentan en los tribunales por el uso militar de la inteligencia artificial, el Pentágono ha cerrado un polémico acuerdo con OpenAI, generando intensas críticas en el sector tecnológico.
La cuestión central gira en torno a si una empresa privada puede establecer límites al Gobierno sobre el uso de su IA y si la Administración está dispuesta a respetarlos. El conflicto se intensificó tras la disputa entre Anthropic y la Administración Trump sobre la aplicación de la IA en operaciones militares.
El 23 de febrero, Dario Amodei, CEO de Anthropic, se reunió con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, para discutir el futuro uso militar de sus modelos de IA. Según fuentes del Departamento de Defensa citadas por latribunadetoledo.es, la herramienta Claude de Anthropic habría sido utilizada en operaciones como la incursión en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y en acciones en Irán, pese a las restricciones impuestas por el Pentágono.
Preocupada por el posible uso de su tecnología en armas autónomas o vigilancia masiva, Anthropic exigió garantías para evitar estos escenarios. Sin embargo, el Pentágono reclamó acceso sin restricciones para cualquier propósito legal.
La tensión escaló cuando Anthropic declaró públicamente que el uso de IA para vigilancia masiva doméstica es incompatible con los valores democráticos y supone graves riesgos para las libertades fundamentales. La respuesta de la Administración Trump fue inmediata: ordenó a las agencias federales dejar de utilizar la tecnología de Anthropic y clasificó a la empresa como un "Riesgo para la Cadena de Suministro y la Seguridad Nacional", bloqueando cualquier relación comercial con el Ejército.
Esta decisión supuso un duro golpe económico para Anthropic, que había firmado un contrato de 200 millones de dólares con las Fuerzas Armadas. En respuesta, la compañía demandó al Gobierno estadounidense, alegando daños irreparables por las medidas adoptadas.
Mientras tanto, el Pentágono avanzó en sus planes y firmó un acuerdo con OpenAI para utilizar sus modelos de IA en redes clasificadas, dejando fuera a Anthropic. Sam Altman, CEO de OpenAI, aseguró que el Pentágono respetaría los principios de no usar la IA para vigilancia masiva y garantizaría la responsabilidad humana en el uso de la fuerza, incluso en sistemas autónomos.
No obstante, la alianza fue duramente criticada, especialmente por Anthropic. Amodei calificó el acuerdo de OpenAI como "teatro" y "mentira", acusando a la empresa de presentarse falsamente como mediadora. Además, la directora de Robótica de OpenAI, Caitlin Kalinowski, dimitió por preocupaciones éticas sobre la colaboración con el Pentágono.
Altman intentó calmar la situación anunciando una revisión del acuerdo, pero la controversia ha reavivado el debate sobre los límites éticos y legales de la inteligencia artificial en el ámbito militar, en un contexto de rápido avance tecnológico y creciente presión gubernamental.
Fuente: latribunadetoledo.es