Inteligencia Artificial (IA)
Blaise Agüera: La IA avanza con modelos más grandes, sin necesidad de "polvo de hadas"
Paloma Firgaira
2025-12-27
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Blaise Agüera y Arcas (Providence, Rhode Island, 50 años) es una de las figuras más influyentes en el desarrollo de la inteligencia artificial. En junio de 2022, publicó en The Economist una reflexión sobre LaMDA, el chatbot de Google en el que trabajaba, describiendo cómo la interacción con esta IA le hizo sentir que “el suelo se movía bajo los pies”. Su colega Blake Lemoine llegó a afirmar que había conversado con una máquina con “alma”, lo que le costó el puesto tras filtrar información confidencial. Agüera, entonces responsable de Investigación en Google Research, admitió a EL PAÍS que LaMDA le obligó a replantearse muchas ideas sobre la inteligencia.
Cinco meses después, OpenAI lanzó ChatGPT, generando un impacto global. Google llevaba años desarrollando tecnologías similares, pero consideró que aún no estaban listas para el público. La competencia, sin embargo, aceleró el proceso.
Agüera, físico e ingeniero informático de ascendencia catalana y estadounidense, lleva años reflexionando sobre la naturaleza de la inteligencia. ¿Qué la define? ¿Puede una máquina ser inteligente? Su respuesta es afirmativa, y lo argumenta en su libro What Is Intelligence? (aún sin traducción al español), donde explora el concepto en profundidad.
Actualmente, Agüera es vicepresidente de Google y lidera el grupo Paradigms of Intelligence (Pi), dedicado a la investigación fundamental en IA. Es reconocido por haber desarrollado el aprendizaje federado, una técnica que permite entrenar modelos de IA utilizando datos distribuidos en múltiples dispositivos. Desde Chicago, atendió a EL PAÍS por videollamada.
En su libro, Agüera anticipó que la llegada de los grandes modelos de lenguaje provocaría un debate sobre la inteligencia. Observa dos posturas: negación y aceptación. “La mayoría niega que la IA sea realmente inteligente, argumentando que solo simula. Pero si un estudiante aprueba un examen, no puede decir que solo finge saber. La inteligencia se mide por la capacidad de resolver problemas complejos, no por los errores ocasionales”, explica.
Sobre la definición de inteligencia, Agüera sostiene que no existe un consenso universal. Para él, es la capacidad de comprender y actuar en un entorno complejo, modelando tanto a uno mismo como al entorno y anticipando el futuro de manera útil. Esto implica que existen múltiples formas de inteligencia: matemática, social, emocional, musical, entre otras.
¿Encaja la IA en esta definición? “Sin duda. Cada vez que interactúas con una IA, su entorno eres tú. Su utilidad depende de su capacidad para modelarte y comprender el contexto de la conversación”, afirma.
Agüera se declara funcionalista: le importa el resultado, no el proceso interno. “Si los modelos de lenguaje solo memorizaran, no podrían resolver tareas para las que no han visto ejemplos. La generalización es clave: si puedes resolver problemas fuera de lo memorizado, eso es inteligencia”, argumenta.
Sobre la diferencia entre humanos y máquinas, señala que la distinción está en el “cómo”, no en el “qué”. “La naturaleza y la IA resuelven problemas similares por medios distintos, como ocurre con el vuelo de aves y aviones. No entendemos completamente el cerebro, pero la IA ha impulsado avances en neurociencia”, comenta.
Agüera defiende que la vida es computacional, no en sentido literal, sino como ciencia de la causalidad. “La causalidad surge cuando analizamos causas y efectos, y eso requiere capacidad de decisión, que es computación. Así funcionan los seres vivos y el cerebro”, explica.
En su libro, propone una visión ampliada de la evolución, más allá del darwinismo clásico, incorporando la simbiogénesis: la cooperación para crear entidades nuevas, como ocurrió con los organismos multicelulares. Este proceso, según él, impulsa la creatividad y la novedad evolutiva.
¿La IA igualará o superará la inteligencia humana? “Algunos pioneros creen que ya ha ocurrido. Los modelos actuales superan a los humanos en muchas tareas individuales. La inteligencia humana es colectiva: juntos logramos hazañas como viajar a la Luna o trasplantar órganos. LaMDA marcó un salto con el aprendizaje no supervisado, modelando el lenguaje sin tareas específicas”, señala.
Agüera sostiene que la predicción, como la que realizan Gemini o ChatGPT, es una forma de inteligencia. “Al principio, creía que predecir la siguiente palabra era solo coincidencia de patrones. Pero al escalar los modelos y entrenarlos con grandes volúmenes de datos, comenzaron a resolver problemas complejos. No hay magia, solo modelos más grandes”, concluye.
Recientemente, Google anunció el proyecto Suncatcher, que busca llevar centros de datos al espacio para procesar IA. Agüera, entusiasta del proyecto, revela: “La idea surgió pensando en la eficiencia energética. La IA consume cada vez más energía. La solución a largo plazo es la energía solar espacial, mucho más abundante que en la Tierra. Queremos llevar las células solares y la computación fuera del planeta”.
¿Es factible? “Es un proyecto a décadas vista, pero ya estamos dando los primeros pasos. La computación espacial será común en el futuro”, asegura. Mientras tanto, aboga por mejorar la eficiencia de la IA en la Tierra, revitalizar la energía nuclear y potenciar las renovables, especialmente la solar.
Fuente: elpais.com