Durante años, la inteligencia artificial (IA) fue vista como una amenaza directa para la profesión de radiólogo. Sin embargo, tres años después del auge de ChatGPT, la realidad ha desmentido los pronósticos más pesimistas: hoy hay más radiólogos que nunca y sus salarios continúan en ascenso.
La historia de la radiología ilustra a la perfección cómo la tecnología puede transformar sectores sin necesariamente destruir empleos. En 2016, Geoffrey Hinton, pionero de la IA, afirmó que “deberíamos dejar de formar radiólogos” porque el deep learning superaría a los humanos en cinco años. Sin embargo, una década después, la demanda de radiólogos sigue creciendo. En 2025, los hospitales estadounidenses ofrecieron un récord de 1.208 plazas de formación en radiología, un 4% más que el año anterior. Además, la radiología se consolidó como la segunda especialidad médica mejor remunerada en EE.UU., con ingresos medios de 520.000 dólares anuales, un 48% más que en 2015. Según el Colegio Estadounidense de Radiología, la tendencia al alza en el empleo se mantendrá al menos hasta 2055.
En Europa, la situación es similar: la demanda de radiólogos aumenta y el 80% de los profesionales ve la IA como una aliada, no una amenaza.
Un estudio reciente de Vanguard Group, una de las mayores gestoras de fondos del mundo, desmonta la idea de que la IA destruye empleos en masa. Analizando 140 profesiones con alto potencial de automatización, el informe revela que el empleo en estos sectores creció un 1,7% entre 2023 y 2025, frente al 1% registrado entre 2015 y 2019. Los salarios también subieron un 3,8%, comparado con el 0,6% del periodo anterior. ¿Por qué ocurre esto?
“La IA rara vez automatiza un trabajo completo, pero sí optimiza tareas específicas”, explica Jaime Sevilla, fundador de EpochAI. En radiología, la IA agiliza el diagnóstico por imagen, permitiendo a los profesionales centrarse en otras funciones críticas, lo que incrementa su productividad y, en consecuencia, sus salarios. Este fenómeno, según Sevilla, se está replicando a nivel macroeconómico.
Miguel Otero, del Real Instituto Elcano, coincide: la IA está sustituyendo tareas, no empleos completos. Desde la irrupción de ChatGPT, se ha comprobado que quienes aprenden a integrar la IA en su trabajo son los que más se benefician.
El caso de los radiólogos podría convertirse en un ejemplo paradigmático de cómo la tecnología, lejos de eliminar profesiones, puede potenciarlas. La realidad es más compleja de lo que anticiparon gigantes tecnológicos como Microsoft u OpenAI. Un ejemplo similar es el coche autónomo, que aún enfrenta grandes retos para su adopción masiva.
Otros factores también influyen: las aseguradoras siguen siendo cautelosas con los diagnósticos basados en IA debido a las tasas de error y las regulaciones sanitarias avanzan lentamente. Además, la IA se especializa en un número limitado de patologías, mientras que la labor del radiólogo abarca mucho más que el análisis de imágenes.
Sin embargo, no todos los sectores corren la misma suerte. Los empleos que pueden realizarse en remoto y con tareas bien definidas —como analistas de datos, abogados, programadores o traductores— son los más susceptibles a la automatización. Los puestos junior, en particular, se han visto afectados: en el sector tecnológico estadounidense, la contratación de perfiles de entrada cayó un 50% respecto a niveles prepandemia, y los salarios iniciales han descendido hasta un 6,3% en empresas expuestas a la IA, según datos de SignalFire e IESE.
A pesar de estos cambios, Sevilla sostiene que la IA impulsará el crecimiento económico, con tasas de entre 2 y 20 veces superiores al promedio histórico del 3% anual. Esta visión contrasta con la de economistas como Daron Acemoglu, que prevé un impacto mucho menor. Sevilla argumenta que los datos más recientes muestran un efecto positivo y tangible en la productividad.
No obstante, la relación entre IA y desempleo aún no está clara. La tasa de paro en EE.UU. alcanzó el 4,6% en noviembre, la más alta desde 2021, pero los expertos atribuyen este aumento a factores económicos y políticos más que a la automatización. “Si alguien afirma que la IA ya está afectando al desempleo, está especulando”, concluye Sevilla. El verdadero impacto de la IA en la economía global solo se hará evidente con el tiempo.
Fuente: elconfidencial.com