Negocios y Empresas
Robots humanoides: ¿amenaza laboral o innovación que impulsa el empleo?
Paloma Firgaira
2026-03-01
5 min read
Una revolución tecnológica está en marcha: los robots humanoides han dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una realidad industrial. En 2026, la producción en serie de estos autómatas marca el inicio de su despliegue global, con China y Estados Unidos liderando la adopción masiva en fábricas de todo el mundo.
Durante años, los robots humanoides eran poco más que atracciones en ferias y laboratorios, limitados a movimientos básicos y demostraciones llamativas. Sin embargo, este año, China sorprendió al mundo durante la celebración del Año Nuevo Lunar con una exhibición de robots de Unitree Robotics, Galbot, Noetix y MagicLab, capaces de realizar acrobacias y rutinas de artes marciales con una destreza nunca vista. El avance en estabilidad, velocidad y coordinación fue tan notable que eclipsó cualquier aparición previa en eventos similares.
En Estados Unidos, la expectación es igualmente alta. En el CES de Las Vegas, Boston Dynamics presentó la versión comercial de su androide Atlas, una máquina de 1,88 metros y 90 kg, construida en aluminio y titanio, equipada con la supercomputadora Jetson Thor de NVIDIA. Este sistema permite aprendizaje automático y toma de decisiones autónoma en tiempo real, sin intervención humana.
La historia de la automatización muestra que cada salto tecnológico enfrenta resistencia antes de integrarse plenamente. Los robots industriales tardaron décadas en consolidarse, pero los humanoides podrían avanzar más rápido gracias a la convergencia de IA, computación en la nube y simulación digital. Su éxito dependerá de tres factores clave: reducción de costes, autonomía energética y fiabilidad en entornos reales. Si estos retos se superan, los androides podrían convertirse en habituales en almacenes y líneas de montaje antes de 2030.
El liderazgo global está polarizado entre China y Estados Unidos. China domina la producción y la cadena de suministro, generando el 78% de las patentes de robótica en los últimos 20 años y con empresas como Ubtech Robotics desarrollando humanoides para la industria y los servicios. Estados Unidos, por su parte, lidera en IA avanzada y humanoides cognitivos, con gigantes como Tesla (Optimus) y Figure AI. Europa destaca en robótica médica, Japón en robots sociales y telepresencia, y Corea del Sur en locomoción, con el robot Dreamwalker como ejemplo de innovación.
La industria observa con atención estos avances, conscientes de que la eficiencia productiva será clave en la competencia global. Hyundai planea incorporar flotas de Atlas en sus fábricas para 2028, sustituyendo a humanos en tareas peligrosas o repetitivas. Atlas puede girar 360º, levantar 50 kg y cambiar su batería de forma autónoma, además de compartir habilidades aprendidas con otros robots de la misma red. BMW prueba el robot Figure 02 en su planta de Spartanburg, logrando 500 turnos sin fallos, mientras que Mercedes-Benz implementa el robot Apollo de Apptronik en Hungría para tareas logísticas e inspección técnica.
Al igual que los vehículos eléctricos, los humanoides reciben actualizaciones remotas que les permiten adquirir nuevas capacidades rápidamente. Plataformas como las de NVIDIA facilitan el entrenamiento virtual de robots, acelerando su aprendizaje y reduciendo riesgos. Además, los nuevos modelos de lenguaje permiten que los robots comprendan instrucciones verbales y adapten su comportamiento.
La gran pregunta es si los robots humanoides destruirán o transformarán el empleo. Inicialmente, están destinados a tareas “3D” (aburridas, sucias y peligrosas), pero su despliegue generará demanda de técnicos, supervisores y entrenadores de IA. La automatización no elimina necesariamente empleos, pero sí transforma los perfiles profesionales. El factor decisivo será el coste: si el precio baja a los 20.000 dólares, como proyecta Tesla para Optimus, el retorno de inversión podría lograrse en menos de un año, aunque dependerá también de mantenimiento y fiabilidad.
En definitiva, la llegada de los robots humanoides no implica un colapso laboral, sino una transformación profunda con impacto económico y social. El reto será redefinir el valor del trabajo y el propósito en una sociedad donde la automatización es protagonista. La renta básica universal podría ser una solución, pero el debate sobre el sentido del trabajo humano seguirá abierto.
Fuente: farodevigo.es