La inteligencia artificial nos brinda ventajas indiscutibles en la vida diaria, pero ¿realmente está mejorando nuestra existencia como afirman sus principales impulsores? Los últimos acontecimientos invitan a cuestionarlo. El pasado 7 de abril, Anthropic lanzó la versión preliminar de Claude Mythos, pero lejos de ser una herramienta accesible para todos, su acceso quedó restringido a grandes corporaciones como Apple, Google, Cisco y Nvidia, dentro del Proyecto Glasswing. Esta IA es tan avanzada que puede detectar vulnerabilidades en los sistemas de bancos, empresas y organismos oficiales, lo que deja a los Estados europeos dependiendo de compañías estadounidenses en un contexto geopolítico cada vez más tenso.
En los inicios de la IA generativa, las grandes tecnológicas compartían avances con empresas más pequeñas, pero esa colaboración ha desaparecido. Ahora, desde Silicon Valley, estas firmas están conquistando sectores estratégicos como energía, salud, finanzas y ciberseguridad, desplazando liderazgos tradicionales y concentrando el poder en manos de tecnooligarcas cercanos a la esfera política estadounidense. Un ejemplo reciente lo confirma: Google, históricamente reacia a colaborar con el sector militar, ha cedido sus modelos de IA al Pentágono para usos clasificados. Poco después, el Departamento de Defensa amplió estos acuerdos a empresas como xAI, OpenAI, Amazon, Microsoft y Nvidia. Así, las grandes tecnológicas se alinean con la Casa Blanca, que respalda los 22 puntos del Manifiesto de Palantir, centrados en el control social y la ciberseguridad, a menudo en detrimento de la democracia. Peter Thiel, CEO de Palantir, encarna esta fusión entre política, tecnología y desregulación, rechazando cualquier límite a la IA militar y antidemocrática. Esta tendencia ya se extiende a Europa, con contratos firmados por los Ministerios de Defensa de Reino Unido y España.
Por otro lado, figuras como Marc Andreessen, en su Manifiesto tecno-optimista, promueven ideas cercanas al aceleracionismo oscuro de Nick Land, contrario a la democracia liberal. A este escenario se suman las inversiones de petromonarquías como la de Sheikh Tahnoon y el modelo de control ciudadano basado en IA que ya impera en China. Europa, mientras tanto, permanece rezagada y sin una alternativa propia de IA alineada con sus valores democráticos. Así se dibuja un panorama en el que el viejo continente pierde protagonismo en la carrera tecnológica global.
Fuente: elperiodicodearagon.com