La inteligencia artificial promete revolucionar la productividad laboral, automatizando tareas repetitivas y permitiendo que los empleados se concentren en actividades de mayor valor añadido. Silicon Valley, epicentro de la innovación tecnológica, sostiene que la IA será un motor de crecimiento económico. Figuras como Sam Altman, CEO de OpenAI, afirman que la productividad de los programadores se multiplicará, mientras que Elon Musk predice que en una o dos décadas el trabajo será opcional.
Sin embargo, la realidad actual dista de ese optimismo. Un estudio reciente de la Escuela de Negocios Haas de la Universidad de Berkeley, publicado en Harvard Business Review, analizó durante ocho meses el impacto de la IA generativa en una empresa estadounidense de 200 empleados. Los resultados muestran que, lejos de reducir la carga laboral, la IA ha incrementado el ritmo y el volumen de trabajo. Herramientas como ChatGPT, Claude o Gemini han ampliado las competencias de los empleados, llevándolos a asumir más tareas y a trabajar más horas. Aunque la percepción de productividad aumenta a corto plazo, esto esconde un incremento silencioso de la carga laboral, que puede derivar en fatiga y dificultad para desconectar del trabajo, además de mayor presión empresarial.
El temor a quedarse atrás ha desencadenado una “fiebre del oro” en el sector, con start-ups de IA imponiendo jornadas de hasta 12 horas diarias, seis días a la semana, según la BBC.
En España, un análisis de datos de Claude, el chatbot de Anthropic, revela que delegar tareas completamente a la IA suele dar peores resultados que utilizarla de forma colaborativa. Navarra destaca como la comunidad que mejor integra la IA en sus procesos, mientras que Murcia se sitúa en el extremo opuesto. La necesidad de supervisión constante podría limitar el potencial de la IA para aumentar la productividad. De hecho, un estudio reciente entre desarrolladores de software mostró que quienes usaban IA eran un 19% más lentos que sus pares.
Este fenómeno no es nuevo. En 1983, la historiadora Ruth Schwartz Cowan ya documentó cómo la tecnología doméstica, lejos de reducir el trabajo, lo redistribuyó y, en ocasiones, lo incrementó.
Respecto al empleo, la irrupción de la IA plantea riesgos. En Estados Unidos, la productividad laboral creció un 4,9% en el tercer trimestre de 2025, pero la consultora Challenger, Gray & Christmas estima que la IA pudo estar detrás de casi 55.000 despidos, aunque no se puede afirmar una relación causal directa. Dario Amodei, cofundador de Anthropic, predijo recientemente que la IA podría eliminar la mitad de los empleos de oficina y elevar el desempleo hasta un 10-20% en los próximos años. En empresas como OthersideAI, la IA ya genera la mayor parte del código, desplazando a los trabajadores técnicos.
No obstante, algunos directivos sostienen que, aunque habrá un ajuste laboral inicial, el aumento de productividad podría traducirse en mejores resultados empresariales y, a largo plazo, en más empleo.
Fuente: elperiodico.com